Hay temporadas del año que vienen cargadas de expectativas. Nos dicen que debemos sentirnos agradecidos, felices, acompañados. Que es tiempo de celebrar, de reunirnos, de sonreír más fuerte. Pero pocas veces se habla de lo que pasa cuando, por dentro, no se siente así.
Para muchas personas, y me incluyo, estas fechas despiertan ansiedad, dolor y emociones encontradas. El cuerpo se siente tenso, la mente no descansa y el corazón parece ir en otra dirección. A veces hay pérdidas recientes, relaciones que ya no están, dinámicas familiares complicadas o simplemente un cansancio profundo que no se quita con luces ni villancicos.
No sentirte feliz en estas temporadas no te hace ingrato, mal agradecido, frío ni roto. Te hace humano. Las fiestas no borran lo que duele, y pretender que lo hagan solo añade más presión. Hay quienes celebran rodeados de gente, y aun así se sienten solos. Hay quienes no celebran en absoluto, y eso también está bien.
La ansiedad suele amplificarse en estas fechas: compromisos, recuerdos, comparaciones, silencios incómodos. Y el dolor aparece de formas sutiles: en una silla vacía, en un mensaje que no llegó, en la nostalgia de lo que fue o lo que nunca fue. Todo eso puede coexistir con el calendario festivo, aunque no se vea en las fotos.
Permitirte sentir lo que sientes es un acto de cuidado. No tienes que forzarte a estar bien. No tienes que explicar por qué estas fechas te cuestan. A veces, sobrevivir el día ya es suficiente. A veces, elegir descanso en lugar de celebración también es una forma de amor propio.
Y aun así, aunque ahora no lo parezca, esto no es permanente. Las emociones cambian, las etapas se transforman, y la luz no siempre llega envuelta en alegría inmediata. A veces llega en forma de pequeños gestos: una noche tranquila, una conversación sincera, un abrazo (aunque sea a la distancia), o la simple certeza de que no estás solo en cómo te sientes.
Si esta temporada te pesa, que sepas esto: no estás fallando, estás atravesando. Y atravesar también cuenta. Que el amor que quizás no sientes hoy afuera, pueda empezar por tratarte con más suavidad. Habrá momentos más ligeros, incluso si ahora cuesta creerlo.
Hasta entonces, respira. Sé amable contigo. Y recuerda: sentirte así no te define, solo habla de lo mucho que has sentido.